Quien nace soldado, muere soldado

Seguramente resulte difícil entender esta expresión a quien desconoce la vida castrense e incluso a aquellos que, habiéndola conocido, no la han vivido en plenitud.

El militar nace, como tal, cuando besa la Bandera como símbolo del juramento que le compromete a entregar hasta la última gota de su sangre, si ello fuera preciso, por la defensa de España.

Este juramento de fidelidad a su Patria, que marca toda su vida porque el compromiso que implica no se extingue con la jubilación, se sustenta en cuatro principios básicos: el amor a España, el honor, la disciplina y el valor que, gracias a una acendrada vocación, permiten vivir la profesión militar con una entrega plena.

La vida militar requiere sacrificio y por ello el soldado debe ser abnegado y austero. Su pertenencia a una institución de gloriosa tradición le exige, además, ser ejemplo permanente para la sociedad a la que sirve.

Estos principios, estos valores, se van forjando día a día, partiendo de una sólida formación moral que el soldado recibe de sus mayores. La honrada ambición, el amor al servicio, la íntima satisfacción del deber cumplido, el deseo de ser empleado en las ocasiones de  mayor riesgo y fatiga, el amor a la responsabilidad,…. configuran el estilo de vida del militar durante toda su trayectoria profesional.

El paso a la situación de retirado desliga, administrativamente, al militar de su condición, pero en ningún caso un cambio administrativo puede borrar el espíritu que tantos años de profesión le han inculcado. Su juramento a España permanecerá vigente hasta su muerte y su comportamiento, sus opiniones y sus críticas, ya sean públicas o privadas, estarán siempre marcados por la fidelidad a ese juramento: “cumplir fielmente vuestras obligaciones militares, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey y a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España”.

Las Fuerzas Armadas son, probablemente, la institución del estado que más ha evolucionado en los últimos 45 años. Cuentan con el reconocimiento de toda la sociedad española y se han labrado un prestigio internacional que hace honor a su historia. El mérito de todo ello está en nuestros mayores que supieron ver y ejecutar las transformaciones que los ejércitos necesitaban para adaptarse a los nuevos tiempos. Ellos nos enseñaron a guardar una escrupulosa neutralidad política fruto de la cual ningún gobierno, de ningún signo político, ha puesto en duda la fidelidad de la Institución militar. Ellos, también, nos enseñaron el respeto debido a la soberanía nacional, que reside en el pueblo español, y a la Constitución que, como militares, tenemos la obligación de guardar y hacer guardar.

La libertad de opinión de la que gozan los militares retirados les permite expresar el análisis que, desde su experiencia y en virtud de sus ideales, hacen de la situación política de España. Como pasa con toda opinión, se puede estar o no de acuerdo con las conclusiones que manifiestan pero, quienes las escriben, merecen el respeto ganado por su intachable trayectoria profesional.

Solo desde el total desconocimiento de lo que hoy son y representan las Fuerzas Armadas, se puede pensar que estas declaraciones inducen ruidos de sables o tonterías similares. Quizá la propia Institución militar no ha sabido hacer llegar a todos los ámbitos de opinión lo que ha supuesto su evolución y el compromiso inquebrantable de todos sus miembros con la democracia y la libertad de los españoles. O quizá haya habido sectores de opinión que no hayan sido capaces de verla.

En cualquier caso, deberíamos aceptar con normalidad que los militares retirados expresen sus críticas políticas, pues así se lo permite la ley y, sobre todo, porque siempre serán hechas con un profundo amor a España que les acompañará hasta el día que Dios les llame a su lado.  Ese día, como soldados de España, querrán que su cuerpo sea cubierto con la Bandera que un día besaron y a la que sirvieron hasta el último aliento.

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